La alegría espanta la muerte

Autor: Jaime Fernández de Bobadilla
5 de febrero de 2011

Ayer hasta bien entrado hoy, tuve guardia. Hubo mucho de lo de siempre: fluorescentes, camillas, respiraciones, olores, color rojo. Hubo pulmones pidiendo aire. Arterias y contraste. Sangre que está fuera de su sitio. El paso muy rápido por costumbre. Subimos y bajamos escaleras y dosis. Esperamos ascensores y camillas.
El día empezó bien, porque me dijeron que habían transplantado al chico por el que días atrás habíamos peleado todos _yo apenas unas horas, otros mucho más_ y que estaba bien.
Ayer pensaba que los días pueden ser buenos o malos por una sola razón o por la suma de los ratos. Es decir, unas veces ocurre algo de suficiente peso y tiñe todo con su color _lo que sucederá después y el recuerdo de lo ya sucedido_ y otras, los pequeños detalles se acumulan hasta que alcanzan una masa crítica que inclina la balanza.
Ya no estoy tan seguro, porque ayer tuve guardia y una anciana se moría sin remedio y sin aire. Tuvimos suerte porque estábamos contentos, y la mujer sobrevivió y respiró tranquila sin tubos ni aparatos. Seguro que no cambiamos demasiado las cosas; pero aquel único caso en apariencia liviano, hizo un buen día.
Hoy creo que, quizás, un solo detalle tiene fuerza para cambiarlo todo. También que la alegría trae suerte y espanta la muerte.

Una respuesta a “La alegría espanta la muerte

  1. Precioso Jaime. Y perfecta la síntesis de tu reflexión, tan real y encima rima.
    Para tenerla como lema: “La alegría trae suerte y espanta la muerte”

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