In memoriam

En recuerdo del pequeño Lucas que se fue la noche del 11 de diciembre de 2010.

Palabras y ángeles
(Jaime Fernández de Bobadilla)

Hay días de aguacero y dedos blancos
de apretar el papel
con mucha fuerza
con boli azul de capuchón mordisqueado.

Días de papel carbón
en que no duele
la piel del corazón porque no queda
más que el dolor a bajo cero.

Sí,
por no quedar
no queda ni el nombre que tuvimos
el primer día de colegio
a golpe de autobús y madre.

Días angostos
en la tiranía del no-miedo
porque ya ocurrió el tiempo
que mutila los paisajes
en mitad del cielo sin ojos.

Hay días en que, por no quedar
no queda ni el sabor
amargo de las lágrimas
porque no hay lengua ni boca.

Ni oscuridad en los túneles estrechos
del ramal Ópera-Norte
ausente de ojos y pestañas.

Y aún así aparece escurridiza
una letra lenta que enamora
una sílaba y consuela.

Yo no sé
qué significa que se fuera
y aún así sé que vivió gracias a ellos
sí,
días felices.

Tuvo toda la fuerza
y el consuelo.
Sonrió en una playa
agitando un pañuelo azul.
Montó en su bicicleta inesperada
por caminos de árboles.
Tuvo amigos del alma.
La sonrisa más dulce
en el día más duro.
Las voces,
los susurros
las manos de su madre
y de su padre.
Tuvo
todos los días
todo el amor
que existe.

Y lo tendrá entre nosotros
con su sonrisa de niño.

Yo no sé
qué significa que se fuera
pero sí que hoy los ángeles existen
y que él es uno de ellos.

 

La playa de los mundos infinitos (Rabindranath Tagore; Gitanjali, LX)
De su familia…
Pilar, Pepe, Lucas y Guille siguen juntos.

En la playa de los mundos infinitos se reúnen los niños. El firmamento sin límites permanece inmóvil sobre ellos y a su lado se agita el agua sin descanso. En la playa de los mundos infinitos se reunen los niños, bailando y gritando.

Construyen sus casas con arena: juegan con conchas vacías. Con hojas secas preparan sus barquillas y, sonriendo, las lanzan a la inmensidad del mar. Los niños juegan en la playa de los mundos.

No saben nadar; no saben echar las redes. Los pescadores de perlas se zambullen, los mercaderes se hacen a la vela; pero los niños recogen piedrecitas y luego las dispersan. No buscan tesoros ocultos, ni saben lanzar las redes.

La marea sube riendo y el pálido brillo de la playa sonríe. Las olas mortales cantan a los niños inciertas baladas, como una madre que meciera a su pequeño. El agua juega con los niños y el pálido brillo de la playa sonríe.

En la playa de los mundos infinitos se reúnen los niños. La tormenta vaga por el cielo sin caminos, las naves naufragan en el mar sin sendas, la muerte está de viaje y los niños juegan. En la playa de los mundos infinitos se reúnen los niños.

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